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Migrando a GNOME 3 sin sobresaltos

A diferencia de gran parte del software comercial, los entornos basados en GNU/Linux tienen como premisa la evolución constante. Y muchas veces ésto implica “saltos evolutivos” a los que los usuarios no se adaptan inmediatamente.

Las complicaciones aparecen especialmente cuando los sistemas son utilizados en ambientes corporativos por usuarios de escritorio. La educación básica y casi todos los cursos de formación y capacitación superiores centran sus esfuerzos en preparar para sistemas privativos, por lo que no es extraño que el personal se sienta intimidado frente a un cambio brusco en la computadora de su trabajo.

En primer lugar hay que distinguir al usuario “entusiasta”, comprometido de cierta manera con el movimiento del software libre, y el usuario “forzoso”. Éste último por lo general fue educado desde la infancia para utilizar el sistema que vino preinstalado en su PC. Para hacernos una idea, un 96% de usuarios de países como Argentina acceden a internet desde aplicaciones corriendo bajo Windows™.

Las apreciaciones del usuario entusiasta pueden aportar a una mejor experiencia y facilidad de uso, pero es el usuario forzoso la variable crítica a la hora de implementar una actualización de sistemas con compromiso de la experiencia de usuario. Tampoco hay que pensar en la gran corporación; muchas veces padres e hijos comparten una PC y ese salto generacional puede generar rechazo del lado de algunos usuarios. Por lo tanto, repasemos las líneas generales del cambio.

Adiós compiz, hola íconos simbólicos y comunicación no obstrusiva

Algo que motivó a muchos usuarios al paso a entornos como GNOME o KDE es la infinidad de posibilidades que abre el gestor de composición de ventanas compiz. Efectos como el cubo, el cambio de aplicaciones o las transiciones (que apenas tienen comparación del lado de OS X o Windows) son reemplazados por efectos más discretos y menos personalizables (por el momento).

La “pérdida” no es, sin embargo, negativa. Compiz sigue estando disponible en la versión “GNOME Clásico”, que mantiene también muchas de las características del entorno anterior. Pero iniciar el sistema bajo GNOME Shell aporta un entorno coherente, unificado y con miras al futuro cercano: íconos grandes, teclado en pantalla, notificaciones emergentes, acceso rápido a aplicaciones y áreas de trabajo. Que son muy útiles en la nueva generación de PCs y tablets caracterizada por el touch-screen. Y lo hace sin perder de vista el usuario de teclado y mouse de toda la vida.

La sincronización con cuentas “en la nube” y las ventanas emergentes para el chat hacen de los sistemas con GNOME 3 un excelente ambiente para el usuario intensivo de internet. La comunicación se hace más fluida, y ya no hace falta cambiar de la ventana de la que se está trabajando para atender o responder al contacto de mensajería.

Identificar los usuarios: la clave para la migración

Ya sea un hogar donde se comparte una PC o una corporación con cientos de operarios con necesidades distintas, el paso al nuevo paradigma de escritorio debe centrarse en identificar a los usuarios. Es fácil obtener una lista de “entusiastas” y “forzosos”, aunque hay que partir de pronósticos más bien conservadores. Es preferible establecer todos los sistemas al modo “clásico” por defecto y dejar que los entusiastas hagan el cambio personalmente, acompañando de las tareas de información y capacitación que acarrea toda nueva implementación.

El tratamiento es similar al de una migración de plataforma (pasar de un sistema privativo a otro bajo GNU/Linux, por ejemplo), pero sin la engorrosa tarea de informar y capacitar sobre aplicaciones alternativas. Las aplicaciones son las mismas, lo que cambiamos es la manera de acceder a ellas.

Plazos, costos y beneficios

¿Cambiamos ya, o esperamos a que la tecnología esté más extendida? No hay una respuesta sencilla. La propia comunidad de desarrolladores no llega a acuerdos, e incluso se plantea una vuelta a un antiguo entorno de escritorio no intuitivo y poco atractivo para los usuarios como es GNOME 2.

Además, al salto de software debe acompañar el de hardware. ¿Contamos con tecnologías touch, aceleración básica de gráficos, dispositivos digitalizadores? También podemos plantear cuestiones como el uso de aplicaciones “en la nube” (tomemos a Google Docs como ejemplo) para las que usaremos impresoras, plotters, scanners y estaciones de trabajo fuera de la posición cómoda del escritorio y con un acceso general (en las que se muestra muy práctica una interfaz táctil).

Otra pregunta importante a responder es ¿qué nivel de innovación y creatividad se maneja? Muchas veces contar con lo último en usabilidad y diseño de interacción no es una opción, sino parte integral del trabajo. Mantener un paradigma antiguo equivale a seguir pensando modelos antiguos. GNOME 3 trae al escritorio el dinamismo de las aplicaciones web a tal grado que maqueta su entorno con Javascript y CSS. La alta exigencia creativa va a decidir el cambio cuanto antes.

Pero la relación costo-beneficio viene como respuesta a la pregunta ¿cuánto pierdo con el cambio? Hay que pensar en tiempos de capacitación, adaptación, actualización de los responsables de sistemas, contratación de personal. Si la PC es una herramienta para escribir informes, imprimirlos y leer el correo y las noticias, lo más probable es que no exista ninguna urgencia. Sobre todo si no se tiene muy claro lo que se viene y se está conforme con lo que se tiene: no siempre hay que tratar de arreglar lo que no está roto.