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¿Qué es Microsemiosis?

Un par de antecedentes.

La Revolución Industrial (digamos, desde la Inglaterra de Juan sin Tierra para acá) engendró no sólo las instituciones materiales que conocemos, como el Estado, el Derecho, la Familia… También, y lo que es de mayor importancia, instauró las relaciones semióticas que le dan soporte: funciones especializadas del lenguaje que determinan el qué, el cómo, el porqué y el quién de las relaciones de los conglomerados sociales. Con idas y venidas, la Modernidad marcó la realización monolítica y dominante de ese ideario ontogénico.

Sin embargo la historia, en sus movimientos espasmódicos (eso que tanto asusta a los historiadores), ha enseñado a desconfiar de las directrices hegemónicas del lenguaje. A propósito de esto se ha comenzado a hablar desde hace décadas de una Posmodernidad, de una ruptura de estos “grandes relatos”. Esto no significa su disolución ni su reemplazo por otras realizaciones sustitutas. Se trata de una mirada retrospectiva que trata de desentrañar motivaciones e implicancias de estos modos de organización mediados por el lenguaje.

Microsemiosis: la crisis de los “Grandes Relatos”.

Entre los grandes inventos de la Modernidad contamos con la Enciclopedia, la presentación sistemática de los saberes organizados por temáticas, géneros y destinatarios. Desde la Encyclopedia Britannica a la Wikipedia, pasando por Enciclopedias de Derecho, Atlas, Vademecum… y además las Constituciones, Leyes y Códigos que rigen de modo general y abstracto los destinos de los Estados modernos. O mucho más cerca del sentir popular: las novelas, ensayos, poesías y canciones, esas enciclopedias de usos y costumbres que nos dan la seguridad de comportarnos correctamente en (casi) todas las situaciones de la vida simplemente tomando como propias las actitudes de personajes ampliamente difundidos y emulados.

Sin embargo el modelo enciclopedista…

…ha presentado sus fisuras al punto de convertirse en impracticable en algunas épocas y lugares. Las sociedades modernas han ganado en complejidad al paso que modelos de autoridad son puestos más y más en sospecha. Las creencias instauradas (sean científicas, religiosas, míticas o del “sentido común”) pierden esos seguidores incondicionales. La textualidad (ese entramado lingüístico hablado, escrito y realizado) reacciona fragmentándose y alejándose de la unidad de lo que se entiende como un discurso coherente. Realidades muchas veces contradictorias pueden ser aceptadas con similar valor por la misma persona o grupo, sin que esto rompa sus relaciones ni genere desequilibrios individuales.

“Pequeño” relato. ¿No es otra forma de asimilarlo como un átomo a una molécula de grandes narraciones?.

Desde la invención del lenguaje no nos cansamos de hacer cosas con palabras. Cosas que nos atemorizan o nos dan seguridad, nos seducen o nos asquean, nos matan o nos dan vida. La gran invención moderna del discurso hegemónico como suerte de metadiscurso del que todo otro refiere tejió esa ilusión de omnipotencia: el conocimiento lo resolvería todo en un progreso ilimitado e inparable. Y gran parte de la cultura sigue viviendo de esta ilusión, por ejemplo en la técnica y su visión programática y determinística del mundo.

Pero los problemas no se resolvieron, o engendraron problemas mayores. La misma pobreza, hambre, marginación sobrevuela entre porcentajes crecientes de la población humana: crece, no se detiene. El injusto puede tener mayor conciencia de su injusticia al leer sus estadísticas, pero esto no cambia su posición de opresor. Y a veces la fortalece.

En el medio, los relatos. Hay más voces contando “su” verdad, que no es la verdad hegemónica, ni la oficial, ni la de la costumbre. La textualidad (que son palabras dichas, escritas, pero también gestos y actitudes) toma rumbos inexplicables y a la vez autoreferentes. Es el imperio del SMS, del Twitt, del “avatar” y su “estado anímico” o de la frase ocurrente oída en la calle: emerge espasmódicamente, se masifica y se disipa inmediatamente sin proyectarse (“no hay progreso, para qué darle continuidad”) ni pretender cambiar nada. No hay conclusión ni desenlace.

Microsemiosis (posiblemente) sea poco más que esa crónica inútilmente categorizable en que algunos pretenden ver tendencias, como para desviar la atención.